miércoles, 25 de febrero de 2015

¡Qué rápido transcurren 25 años!

No fue sino hasta hace unos minutos, mientras veía un programa en la televisión hablando del tema, que me di cuenta de los recuerdos que tengo de ese día: 25 de Febrero de 1990.

Recuerdo los días anteriores a esta fecha, a pesar de mi corta edad, me es fácil hacerlo; vienen a mi mente imágenes de mis vecinos hablando de que Doña Violeta podía ganarle a Ortega, de que esa esperanza, que al inicio de la campaña parecía una utopía, iba cobrando fuerza y que al ver las cantidades de personas que la habían acompañado en las últimas manifestaciones, se podía convertir en una realidad. De las manifestaciones recuerdo especialmente la de Chinandega, no sé porqué, pero para muchos fue la que hizo ver de que la victoria de la oposición era posible.

Del día de las elecciones recuerdo el movimiento de la gente, todos buscando la forma de ir a votar; obviamente, para mi, eso era algo novedoso, no comprendía al cien por ciento lo que sucedía, pero de una forma me contagiaba la emoción que, con temor, expresaba la gente que yo conocía. Vienen a mi mente imágenes de la tarde y la noche, cuando la tensión de los resultados empezaba a reflejarse; unos susurrando con miedo la victoria de la UNO (Unión Nacional Opositora) y otros gritando victoria del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), poco a poco estos últimos fueron desapareciendo, con el paso de las horas de la noche la desesperación crecía en los CDS del barrio y los que habían estado trabajando en las juntas receptoras de votos daban más fuerza al rumor de la victoria opositora.

Alrededor de las 8:00 PM llegó una prima mía que estaba trabajando en una de las juntas, con todo el sigilo llamó a mi madre al cuarto más apartado de la casa y le dijo "van perdiendo los sandinistas"; luego regresó durante la madrugada con una palabra más lapidaria "Ganó Doña Violeta" y mencionó a dos o tres reconocidas sandinistas que estaban llorando por la, ya irreversible, derrota.

Este rumor se acrecentó en la madrugada y con ello aumentó la tensión, el ambiente se sentía pesado, recuerdo claramente a los vecinos  y mis familiares emocionados, pero sin poder celebrar nada, porque se había prohibido, a lo lejos logré escuchar unos "cuetes" y una que otra "cargacerrada"; y yo, igual de emocionado pues, aunque no comprendía todo lo que sucedía, sabía que era algo positivo, con el simple hecho de oír que ya no habría Servicio Militar Obligatorio me ilusionaba, pues sabía que mis hermanos ya no seguirían corriendo peligro; había escuchado de que si ganaba la UNO ya no íbamos a tener que andar haciendo fila para todo y eso me alegraba.

Llegó el 26 y la noticia recorrió todo el mundo, Ortega reconoció su derrota y prometió respetar los resultados. Con esto empezaba la ilusión de que esos sueños de democracia se harían realidad, la ilusión de un país en paz y luchando únicamente por salir del atolladero, la ilusión de un gobierno respetuoso de los derechos y de las decisiones de su pueblo, enfocado en hacerlo salir adelante.

25 años después, de este hecho histórico, solo queda el recuerdo y, probablemente, las mismas ilusiones; Ortega está nuevamente en el poder desde hace varios años y gobierna el país a sus anchas, sin nadie que le diga "cho" a lo que se le antoja hacer; los derechos que se lograron durante el gobierno de Doña Violeta y subsiguientes poco a poco se han ido perdiendo y nuevamente estamos bajo una dictadura.

Personalmente, sigo esperando otro 25 de febrero.